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Transmitimos y compartimos conocimiento a través de lo que decimos y, claro está, lo que hacemos.

Nuestra palabra es creadora: crea ideas, relaciones, emociones y momentos. Es decir, tiene un poder creativo que debemos reconocer para que sea el sustento de construcciones sólidas, sostenibles y con aportes hacia el bien común.

Cuando emprendemos la palabra desde la sinceridad, pensando siempre en el bienestar propio y en el de los demás, estamos forjando relaciones respetuosas y responsables que incentivan la sana convivencia y la solidaridad.

Cuando le decimos a nuestros estudiantes: “No digas mentiras”, estamos sembrando en ellos el valor de la confianza. Si confían en ellos, en lo que son y hacen, transmitirán palabras sinceras y nobles. Si confían en los demás, estarán en apertura para crear en conjunto con la intención de brindar armonía y bienestar, tanto a otras personas como al entorno en el que viven.

La sinceridad, o lo que en nuestra cotidianidad hemos nombrado el “no mentirás”, hace parte de nuestras Guías para la Acción porque al formar seres empoderados de su palabra, aportamos a la construcción de consensos y acuerdos. Sabemos que desde el diálogo público y libre, las argumentaciones y contra argumentaciones, en fin, desde las palabras, forjamos el desarrollo del ser humano y de toda sociedad.